domingo, octubre 16, 2011

Las institutrices de la cumbia

Puebla
Llegamos bien noche, en un Estrella Roja, vimos una película rara en el camión, escuchamos un poquito a Javier Ruibal. Esperamos mucho rato en la estación a que viniera M. por nosotras y escogimos un hotel caro. M., ese poblano güero y alto que le regateó al taxista para que nos llevara a un hotel del centro. Luego buscamos un sitio para cenar, hacía mucho calor y estaban muy oscuras las calles. Comí carne y vomité como cerdo toda la noche. Tu primera ingesta de carne en años y tus posteriores vómitos. Sí, la pasé mal en la noche y después fuimos a Cholula también en taxi regateado a un bar todo feo. Primero a un bar feo, ahí tomamos un tequila infame, y luego a un bar chulísimo donde tocaba una banda de jazz y el baño estaba atiborrado de gente y mientras tú vomitabas yo canté una canción con un chico que estaba apoyado en el lavabo de señoras con una guitarra. Y dijiste que íbamos vestidas de institutrices de la cumbia. Íbamos con faldas con forma de trapecio, blusa y rebequita. Recuerdo que yo iba de malva, morado y colorado y tú de negro, verde y vomitado. En la planta de arriba ponían cumbia. Me sacó a bailar un señor autóctono con barba y aspecto de revolucionario. Y tú fuiste a mendigar hierba y no me diste ni un poquito. Y bailamos las dos juntas, nos miraban muchísimo, y me dieron más mota y nos regresamos. En el camino de regreso de Cholula me enseñasteis a decir echar el caldo y rico caldo amistoso y pasión sin arrime. Apenas fui a Cholula y es más bonito de día. Debe de ser, hay un poema famoso de ese lugar que dice Cuánto es bella la tierra que habitaban, los aztecas valientes. Y al otro día nos encontró casualmente M., después fuimos a comer cemitas y helado. Helado de mango con chile, casi me desmayo del gusto. Habíamos estado paseando por todo Puebla como turistas. Compramos muchísimas tazas. Yo me había comprado también ese vestido color madreselva tan bonito porque creía que iba a vivir en el campo. ¿Te acuerdas que antes de eso fuimos al cafecito? Café de Celia. Comimos cosas riquísimas, nos hicieron tortas con amor y aguacate. Estaban paiques. No podía pagar con tarjeta, menos mal, si no estaría cargando con aquellos malditos platos de Talavera. ¡Malditos y sensuales platos! Luego fuimos al hotelito. De ahí fuimos a la Terminal. No, no, fuimos al otro hotelito barato de las colchas con pagodas donde nos habíamos mudado y estuvimos tiradas en la cama después del helado. Y luego fuimos a comprar dulce de camote y albureamos con M. Y fuimos a las Pasitas a tomar licor de pasa. Sí. Tú mucho, yo poco. Y vimos una casa con garzas o algo así. Me había olvidado de esa casa abandonada con las garzas de piedra y las puertas claveteadas. Y luego sí fuimos a la Terminal, ahí tú seguiste vomitando y yo bebí tequila. Pero antes fuimos a cenar esas cosas fritas, cómo se llaman. Molotes. En Antojitos Acapulco, 5 Poniente, el único lugar que tengo apuntado en mi cuaderno para poder volver. Y ya cantaste en ese lugar y el mesero le coqueteó a M. y después vomité y alguien me prestó su bici y anduve en bici. Mientras tú ibas en bici yo me besuqueaba en el Zócalo. Sí, yo me di cuenta. M. no pudo andar en bici porque estaba muy borracho. ¿Cómo era aquella canción que cantabas en la ducha? El otro día la vi en el apartamento, el otro día la vi y me puse menso. Nadie tendrá mi suerte de conocer Puebla de la mano tuya. Al día siguiente fuimos a desayunar huevos rancheros y chocolate en jícara. ¿Te acuerdas de que sonaba todo el rato José José? Ajá. Y yo cantaba Espera, aún la nave del olvido no ha partido. Luego nos subimos a un autobús y sonaba cumbia y veíamos todo Puebla: sus casitas feas, su parte acabada. Me dio una fiebre americana, me quería cruzar todo el continente en autobús. Me acuerdo de una canción del camión con muchos metales, era salsa pero como con trompetas, saxofones, todo, muy de amor. Estuvimos moviendo los hombros con la canción, luego bajamos y había puestos de discos y zapatos y de todo y en cuanto te ayudé a bajar del camión aprovechamos las manos tomadas y bailamos.

4 comentarios:

Bestia buena dijo...

¡Te quiero mucho, Lú! Vuelve pronto. Volvamos pronto las dos a todas partes. :D

Loulou dijo...

Te regalo los zapatos de mi corazón.

Angelica dijo...

Hola Lu! Excelente entrada la que has escrito, te felicito. Muy interesante realmente. Se ve que la has pasado muy bien! Saludos desde acapulco, besoss

Loulou dijo...

Gracias, Angélica, las partes en cursiva son de mi amiga Araceli, yo sólo edité nuestras conversaciones y las adorné un poco.