viernes, noviembre 04, 2011

Iluminarte el camino desde lo oscuro tuyo hasta mi luz

Cruz del sur
Nunca me había visto la sombra tan negra como esta noche delante mía, entre el cerro y yo, bajo las estrellas. Quise pensar que mi sombra era más negra porque estoy menos luminosa en este lugar al que hay que venir ex profeso en varios medios de transporte, más lejos que lo lejos, sin librerías ni mandarinas, pequeño de luz de sol, horrorosamente invernal en medio de la primavera. Mientras me reconcentraba en mi negrura subiendo por el camino pedregal, el perro de Hem Herhu me salió al encuentro, me reconoció olisqueándome y me hizo fiesta, y así me iluminé, en este sitio al que de tan lejos hay que elegir venir, donde las tres señoras que se juntan a hacer punto en la casita blanca que sirve de biblioteca del pueblo me prestan un ovillo y una aguja de crochet para que haga cadeneta mientras una de ellas lee en voz alta un cuento de Abelardo Castillo, donde la dueña de la cafetería donde vengo a tomar el té cada tarde me manda de acá para allá con su nombre como escudo protector para que me haga hueco, donde el Ruso cada día me espera para que le cebe unos mates. Aunque bajo las estrellas australes queda poco espacio para la esperanza de fructificar porque además de que la tierra patagónica sea árida dejó de ser para los que se cansaban de viajar y querían plantar sus huesos al viento, lejos del mundo recorrido, para los que querían bautizar algún accidente del terreno con su nombre, aunque sólo quede espacio para el lucro y no para la soledad escogida, aunque no se pueda querer estar tan solo como para venir hasta aquí, el perro de Hem Herhu y algunos otros conocen aquí ya mi nombre sin que haya tenido que ponérselo a un lago o una montaña. Nunca me había visto la sombra tan negra como esta noche bajo la luna vacía, y quiero pensar que quizá estoy más luminosa en este lugar al que vine desde tan lejos sin realmente haberlo elegido.

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