lunes, diciembre 05, 2011

Viajar en la mayonesa

Nadar na maionese
El dibujo es de Odyr Bernardi
En Pelotas (imagino que también en el resto del país) las librerías de segunda mano se llaman sebos. Odyr me enseñó uno en General Telles y Gonçalo Álvares antes de irse a Belo Horizonte (qué prometedor que suena Belo Horizonte como nombre para un lugar) llamado Monquelat. Más medievocatalán no podría haber, pienso, acordándome de aquel libro del siglo XVII sobre las familias del valle de Arán que hubo siempre rodando por mi casa. Una tarde me acerco y allí me encuentro a unos señores de tertulia y chimarrão, que es como por aquí se llama el mate (en el resto del país no creo que lo llamen de ninguna manera porque no toman). Esta zona fronteriza ya sabía que comparte milongas con los vecinos y constato que también comparte calabazas: todos los tres mates presentes llevan grabado sello y anchura uruguaya. Gentilmente los señores me hacen hueco en su reunión vespertina y me atienden con primor. El dueño es Monquelat de herencia, me cuenta que el apellido es francés y al saber de dónde vengo me pregunta si sé algo de la exportación de sal desde las salinas de San Fernando (acá traían la sal para hacer charque, el oro fibroso culpable del esplendor momentáneo y pretérito de Pelotas, hasta que se hizo demasiado caro transportar la sal y se inventaron los frigoríficos). Reconozco mi ignorancia ignominiosa: en cuanto a salinas y a literatura brasileña sé tanto como de nudos marineros, maquinaria agrícola y cine finlandés. Sólo tengo a salvo el recuerdo de las marismas de Cádiz a San Fernando y a la Lispector, pero la sal va incluída en la gaditanería y la Lispector va metida en el mismo saco que Sara Gallardo, Silvina Ocampo y Karen Blixen, el saco de las escritoras sublimes (ser sublime es como no ser de ninguna parte). Le cuento a Monquelat que Guimarães Rosa me conquistó el corazón seguramente porque no lo entendí mucho. Él me dice que no me preocupe, que él tampoco entiende la mitad de lo que dice Guimarães Rosa, mientras me prepara una pila de libros de autores de Rio Grande que debería leer. No me atrevo con la extensión del Incidente em Antares de Verissimo aunque el título me exalte las ganas y a cambio me hago una pila de Machado de Assis que aprueban todos los señores presentes con los que chimarrão en mano me pongo a charlar hasta que se termina la tarde. Así conozco a un guitarrista veterinario que va a abandonar los choros y el samba por las ovejas, conozco a un señor señor que bautizo como profeta del Apocalipis, quien a propósito de esa absurda manía de los portugueses de esperar la vuelta del rey Sebastião me enseña la expresión “viajar na maionese” que repito por error como “nadar na maionese” (luego le cuento a Bitisa y quedamos de acuerdo en que mi versión es más terrible y hermosa y que he venido a revolucionar el léxico y la vida pelotense). A la tarde siguiente vuelvo ya adueñada de mi taburetito, Monquelat me presenta como fenómeno circense, conozco a un bailador de samba y a otro guitarrista, se decide mi futuro como contrabandista de vinos y encuentro una edición de Kim del año 41 que casi me arranca las lágrimas. Me quedo toda la tarde en el sebo de Monquelat presenciando las visitas de los que vienen a arreglar el mundo, a hablar de la nada y trazando intenciones de vida para cuando vuelva, pronto, a ser contrabandista de alcoholes en la frontera de Rio Grande do Sul.

5 comentarios:

Gabi Mazza dijo...

Adorei teu blog, teu texto e as impresões sobre nossa 'Satolep'!

bj,
Gabi
http://adoromelancia.blogspot.com/

Loulou dijo...

Obrigada! Adorei Satolep. Também adorei Pelotas. Ji. Vou voltar.

MiltonUY dijo...

La acuarela, tan sencilla, me impidió leer el texto. La acuarela es solo agua. Estimo que soy diluible facilmente. Hundirme en el texto quizá me hubiera provocado un ahogo de muerte. Seguramente estoy exagerando.

José CS Vidal dijo...

Monquelat está en calle General Telles, entre calles Santa Cruz y Gonçalves Chaves.
Tus palavras me contuercen recuerdos y destacan agudas observaciones.

Loulou dijo...

Me alegro mucho de que los pelotenses encuentren algo en mis evocaciones. La verdad, creo que me voy a aficionar a escribir sobre Pelotas, ustedes son los lectores más agradecidos que tengo.