domingo, diciembre 04, 2011

Préstame un nido de luz

Préstame un nido de luz
Amo este tiempo umbral en el que aún no ha pasado malo ni ha pasado nada bueno, este llegar a las estaciones de autobuses latinoamericanas y pulsarle la locura, la nebulosa y el minutero a la ciudad que espera fuera. Ahora, aquí, en la latencia de las cosas, en la fealdad de la estación moderna, columnas al espacio, hombres con guitarras que bajan de los autobuses, cinco perros que cabalgan la estación inmensa y sin estrenar vacía, dos monjas que ni cabalgan ni se hallan, mi maleta mexicana manchada de mugre internacional tirada en el enlosado aún sin ensuciar y elegido entre lo menos acogedor de lo poco acogedor, este tiempo antes de entrar en esa ciudad construida sin amor, sin que después de su fundación haya tenido su renacimiento o su barroco, poco conmovedora en su arquitectura a pesar de las señas de identidad taxis amarillo nuevayork y trolebuses conducidos por mujeres y amarrados a su recorrido fijo por sus cables en el techo, a pesar de los cospeles que me divierte comprar en las casetitas de metal, a pesar de que te tropieces a veces con esos edificios construidos con cuidado y con piedra, a veces con alguna palmera altiva y grácil (las palmeras no siempre son altivas, hay que recordarlo), o con una veredita tapizada de árboles con el sol en juego, ahí donde te conmueves y bailas el paso hasta los carteles saturando las fachadas y las marquesinas no con kitsch sino solo con falta de delicadeza, hasta esa corriente de agua que se cruza por un puente tan poco asomable, adornado de farolas rebuscadas pintadas de plateado que dan luz naranja día y noche. Aquí, ahora, en el tiempo en el que aún no ingresé en la ciudad recuerdo Córdoba como la ciudad que en realidad es para mí, esa ciudad con placita para tomar mate con los amigos, las librerías de segunda mano desbordando tesoros, esos recorridos de amigo amable a amigo amable, ese pozo de luz en el medio de la geografía argentina, ese recodo de descanso, las tiendas de telas donde se gestan camisetas azules con el hombro descubierto que serán cosidas luego al resguardo de la casa bajo la tormenta implacable, la invitación perenne que me hace Córdoba a venir a dejarme caer en el amor de los buenos.

2 comentarios:

Alabama dijo...

:' ) <3

Loulou dijo...

Por qué te juiste, por qué.