viernes, enero 13, 2012

Los niños matadores de dragones que se robaron el corazón de la vagabunda

Playmobil
Ustedes que me dejan cantarles nanas a sus hijos para que se duerman cuando paso por sus casas, ustedes que me dejan jugar con ellos a los barcos, a los piratas, a mancharnos de barro o de pintura, ustedes que me dejan cargarlos con mi brazo izquierdo y apoyarlos sobre mi cintura, subirlos a los columpios, colocarles la bufanda, meterlos en la bañera para sacarles el fango del río, ponerles el pijama, acostarlos en sus camas y aguantar sin lágrimas el embate de que me pidan que los arrope y les cuente un cuento de dinosaurios. Ustedes que me dejan a sus hijos para que los pasee por el bosque y les invente canciones de lagartijas y monstruítos andariegos que van a buscar fresas a los Urales o que me quite con ellos los zapatos y chapotee en el arroyo. Ustedes que me dejan compartir el pan con chocolate con sus hijos y separar los chícharos de las papas y hacer montañitas de comida rodeadas de ríos de salsa. Ustedes que me dejan compartir sus secretos susurrados y sus cajones de tesoros, contribuir con caracolas, muñecas de trapo, hojas secas y piedras a la construcción de sus universos, esconderme con ellos en las cavernas inventadas de sus cuartos y armar faros con linternas, entrarlos despacito al agua del mar. Ustedes que me colocan a sus bebés recién horneados en el regazo para que les cante Ferme tes jolis yeux car tout n'est que mensonge y les quite el llanto. Ustedes que me dejan coserles tocados y hebillas a sus hijas adolescentes, regalarles zarcillos y libros, que me cuenten a sus espaldas sus amores. Ustedes que no saben que cuando me voy lejos recuerdo a sus hijos entre mis brazos como míos que fueron un rato y se me chicotea el corazón, porque si supieran no me dirían los niños se asoman a menudo sobre mi hombro, te buscan y te besan, o la beba dice que vos sos siempre la más linda. ¿Vieron cuando dos personas se acercan más para luego alejarse? ¿Conocen ese último abrazo que da ganas de matarse? Por ese abrazo procuro no despedirme nunca, menos de sus hijos. ¿Vieron cuando dos personas transforman una palabra cualquiera en un relicario donde guardan significados privados? Luego cuando los caminos se separan esa palabra secreta deja de ser delicia para volverse infierno. Es lo mismo con los niños, hay palabras que convocan la tempestad o sirven para dormirlos o escalar el muro de sus risas; cuando de lejos en mis exilios sucesivos recuerdo esas palabras malbaratadas en sus vocecitas, se me resquebraja el alma. Y es ahí, en mi ausencia en la vida de sus hijos, donde me mido, realmente, el fallo, el error, la falta, el trastorno, el desarraigo, lo que me duele.

3 comentarios:

Mar dijo...

Hace poco le dije a una persona (mentira, se lo dije al aire) que la leía y me daba ganas de abrazarla.
Y no sé por qué me pasa eso. No sé si me importe saber tanto...

Vengo por acá, estrujo sensaciones y me plancho las arrugas antes de irme.

No me despido, y si no hay despedida no te dejo ausencia, Lou.

Loulou dijo...

Leí eso de las ganas de abrazar. Pensé que me lo decías a mí y me quedé el abrazo.

Anónimo dijo...

Precioso amiga ... es tal cual .Siento lo mismo . Y el mismo desgarro . Y nadie entiende que hay veces que necesito sus abrazos como un alimento o el agua ... y me duele el pecho hasta que sucede la maravilla . Yo también dije ( solo para mi ) : nunca me avisaron que llegaria un dia a pasar frente a su casa y no poder golpear su puerta y saciar mi sed con su salto a mis brazos.