viernes, agosto 17, 2012

Con la lengua llena de amor y de agonía

Desde que me quedé sin corazón voy regalando un montón de corazones de plástico de mentira que tengo en el almacén, me digo. Lo escribo. Se lee raro. Lo leo raro, porque a veces sí me parece tener un corazón recién nacido, así como yema en su rama, por ejemplo cuando tú me miras. Y esto sí que se lee raro porque parece una gacela de amor imprevisto pero sin categoría. (Quizá lo más parecido a saber que se tiene un corazón sea meterse de lleno en la grasa universal.) Mentí ayer desde encima de mi taburete, el taburete en el que me sostuve y al que me agarré firme y fuerte para no dejarme caer en la irresistibilidad desde la altura del lugar seguro de siempre, desde las ganas que se crecen siempre antes de encontrarnos y después, cuando como por acaso se posa tu mano en algún lado mío y así, debajo de tu mano, me crecen la sangre y la ceguera. Mientras eso no pasa ando siempre mintiendo desde encima de mi taburete igual que me mientes tú, para paletear más tierra sobre algo parecido a una ternura que anda guardada hace años, ahí, debajo de esa desesperante corriente que barre el mundo cada vez que, finalmente, me besas. Y esto que también parece una gacela baratucha vendría a decir que hace años que tengo ganas de sacarme las katiuskas y meterme descalza a chapotear en el fango y si sale con barba San Antón. No puedo decírtelo, sin embargo, porque me enferma el miedo, y entonces sólo te miro, igual que me miras tú mientras nos mentimos con las manos y la boca y al mirarte veo o quiero ver, en tus ojos, igual que tú verás en los míos, algo que se le escapa al arrebato que nace en el primer arranque del beso. Coleccionamos errantes las ciudades, tú y yo, y de entre todas las ciudades que coleccionamos ésta, en la que nos conocimos, en la que el cielo es un elefante en cuyo lomo brilla el triángulo del verano mientras tu mano o tu boca me buscan, en esta ciudad quisiera descansarme un rato en tu mirada, enlazada a tu cintura, una vez asesinadas las ganas. Para saber. Para saber si tenemos para darnos otra cosa además de la fuerza de los dientes.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Le vent se lève! . . . il faut tenter de vivre!
L'air immense ouvre et referme mon livre,
La vague en poudre ose jaillir des rocs!
Envolez-vous, pages tout éblouies!

Loulou dijo...

Il faut vivre, plutôt.