jueves, septiembre 26, 2013

Lo único a lo que temo es a que no pase nada

Justo antes de tener que enfrentarse a las tormentas nuevas nace ese hambre enorme pero tranquilo, el ansia de los problemas nuevos, el ansia de medirse ante las adversidades nuevas, la tormenta diferente, las vallas recién pintadas flamantes que te colocan delante. Quiénes. Quieres lanza y quieres escudo y quieres enemigos o adeversarios ante los que arrojar las armas y desnudarte sin rendirte. No entiendo otro idioma más que la batalla, no conozco otra ley, otro mundo. Yo, lugarteniente. Tal vez sí, ahora no ando buscando pelea sino codos. Estoy desenvolviendo mi personalidad aletargada. Tengo miedo y por eso ando sujetada y seguiré sujeta, lo prometo, pero quiero medirme un poco con el fuera. Con bozal pero medirme, sin luchar, jugando con la arena, dibujando corderos. Lo único a lo que temo es a que no pase nada. 

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