sábado, octubre 19, 2013

Me pongo estos zapatos porque son una declaración

Una noche en el descanso de un concierto que di en Madrid me presentaron de entre el público a un muchacho magnífico que me dio su tarjeta y me contó que diseñaba zapatos, que había montado una fábrica en China, así como quien te cuenta que el bacalao al pil pil le sale estupendo. También me dijo que le gustaban mucho los zapatos que yo llevaba, aquellos tacones color cereza que usaba sólo para cantar de los que me deshice luego, antes de irme a vivir a Paraguay. Volvimos a vernos algunas veces, pero eso es otra historia. Hace muchos años de esto y lo recuerdo con ese fulgor de las navidades pasadas, con esa bruma de cierta vida que a veces no sé si realmente tuve y que desde aquí se ve desenfocadamente mística. Hoy una amiga a la que conocí mucho después de aquella temporada de escenario me ha regalado unos zapatos de tacón de ésos que te pones cuando necesitas estar muy segura de lo que eres o al menos de un cacho de tu personalidad, en alguna de esas ocasiones en las que necesitas definirte con insistencia hasta llegar a convertirte en la definición; ese tipo de zapatos-estrategia que te pones para conquistar un terreno concreto y delimitado, una colina-propósito. La marca de los zapatos: la de aquel muchacho que me dijo hace muchos años que le había emocionado tanto tanto mi voz. Ahora cuando yo lleve sus zapatos también le deberé a él alguna emoción. Estamos a mano.

1 comentario:

Gabriel dijo...

Con esa cantidad de hebillas, tiene que ser una colina más que interesante.