jueves, octubre 17, 2013

Meeresstille und Glückliche Fahrt

Toda la vida he ido robando cosas; he entrado en huertos ajenos, buscando cosas que quisieran luego pertenecerme una vez arrancadas de su árbol primero. Libros ajenos, músicas ajenas, armarios ajenos, brazos ajenos. Y no es de urraca sino de madre solícita mi actitud, porque luego todo lo devuelvo, me quedo con el fulgor de haber poseído un rato algo y haberle dejado impregnado mi roce mi allure y seguir camino, las cosas en su árbol, perplejas de mí, yo rebuscando con los ojos a través de otras cancelas. No hay casa para mí porque no hay casa que yo haya construido, así es como es. Y las casas que construí son castillos españoles que no perdí porque al perderlos ellos mismos me dieron más: poder mirar de lejos y construirles la novelería alrededor, las hojitas del adorno.
Pero ya soy mayor: sólo me hago trenzas para dormir y no para ir a la calle. Ahora me tocaría a mí tener una casa y un jardín y que vinieran a robarme las manzanas. Ah, monstruosa.


1 comentario:

Chá Lucena Morales dijo...

¡Qué grande eres! (En tu decadencia o no, chi lo sa...)