domingo, octubre 20, 2013

Pantone 355

pantone 352
A veces el devenir te inflige sus actos de venganza quién sabe por qué razones. Otras veces decide darte asueto e incluso regalos, y aunque nos queda claro que hay que temerle a los regalos del devenir, que al fin y al cabo es un invasor, a quién no le gusta caminar un día y que todo se vaya convirtiendo en un escenario parecido a ése en el que Gene Kelly acompaña a Cyd Charise a ser sublime dentro de su vestido verde esmeralda. Alguien sueña muy lejos, en otro continente, que cambiante caminas por un monte lleno de verde y te lo cuenta. Decides estrenar en celebración de ese verde soñado mexicano una camiseta verde césped que compraste hace una semana y ese día te encuentres multiplicado el mismo verde a tu paso, como si le hubiesen encendido la alarma del verde a los asistentes invisibles del atrezzo universal. En el perchero de detrás de alguna puerta cuando la cierras hay un abrigo de entretiempo de ese verde; llegas de visita a una casa donde una madre y una hija llevan camiseta y blusa con ese exacto mismo verde; vas a tomar el té a otra casa: Alex se ha comprado un reloj de pulsera verde como el trigo verde y la hiedra de su jardín se deja incidir especialmente verde con la luz que atraviesa el nublado, los pastelitos de nata se posan sobre un plato verde; haces tu trayecto cotidiano hasta la casa de tus padres y al subir la bicicleta a la acera mugrienta te fijas por primera vez en un corazón pintado en el suelo con spray, sí, verde; en la casa tu hermano está jugando al Pro Evolution con una camiseta nueva de ese tu verde; en el telediario sale gente vestida de verde por la huelga de educación; te han traído de la tintorería el vestido verde yerba de Hoss Intropia que compraste en el verano; te pasan a buscar para ir a un concierto y los remates de la blusa de la que te abre la puerta del coche son verdes; el forro de terciopelo de la funda del instrumento del músico suizo, verde.
Los prodigios no se repiten, los prodigios son irreversibles y aún así no hay que abusar de ellos, hay que respirarlos y dejarlos marchar por su camino, que los asistentes invisibles del atrezzo universal recojan con sus carritos el despliegue y seguir hasta el otro día, el día siguiente en que no se repetirá ni una sola vez ningún rasgo de ese verde por el que alguien te soñó en otro continente.
El que soñó contigo te dijo: en el sueño la cambiante habla consigo, se consuela, se dice que no es necesario definirse ni reducirse. Es como si hubiera sido su enemiga y ya no. Llevo siendo enemiga del mundo y de mí misma tanto tiempo. Y ya no.

No hay comentarios: