sábado, mayo 20, 2017

Um dia há-de ser dia corra o vento para onde for

 No podía dormir, así que me he levantado y me  he  preparado unos mates. Siete y media de la mañana. Hacía un millón de años que no hacía mate y menos para desayunar y no sé si será por eso  o  por la hora o por el cuidado que le he puesto que me ha salido muy riquísimo, con sabor a recuerdo. El mate está para eso, supongo, o para charlar. Echo eso de menos, charlar con mates. El mundo es muy solitario ahora y no sé si he sido yo o ha sido el mundo. Cómo seguirá todo ahí afuera, en los sitios en los que habité y estuve. La vida antes era más complicada, más dolorosa y más festiva; se ha corrido una cortina entre ella y yo y no lo siento para nada. Je ne regrette rien. Tal vez por eso ya no hago mates, porque saben a recuerdo, y una no quiere recordar con cariño las cosas que no la encariñaron a una. Con cariño o con profundidad de campo o con regusto reconfortante, no sé, aunque sí sea reconfortante siempre del recuerdo que es recuerdo y amoldable y le puedes apartar la hojarasca o el  pelo de los ojos para mirarle los tesoros que rara vez realmente estuvieron ahí.
Hay millones de pajaritos nuevos en los dos árboles de frente a la ventana, al amanecer les entra el  frenesí de la infancia pajaril. Los gatos husmean por la rendija que les dejo abierta, pobres míos, cazadores que no ejercen el cazar y miran por la ventana lo que queda fuera de su alcance, bendita la hora, porque ahora les ponen el alimento en el plato, sin plumas ni triperío y sin husmeo, sin la inquietud previa del indagar hambriento, sin el intríngulis y sin la expectación conmocionada. Y supongo que esa soy yo también ahora, que ya no necesito ni caballos ni desiertos ni desesperación ni deseo. Mi vida es un largo río tranquilo o una larga bata tranquila o esta rebeca de ganchillo rosa palo que me tejió mi hermano que me he puesto para poder tener abierta la ventana, ya ni aguanto las corrientes.
Ésta es otra versión de mí, Loulou revisited, como siempre, que ya me olvidaba de que de vez en cuando hay que dejar de cantar My funny Valentine por soleás y devolverlo a la balada. Mi único temor es que se pierda mi cerebro en la lentitud, pero es porque estaba acostumbrada a que mi cerebro fuese siempre en quinta o marcha atrás y ahora pedalea, es un Ford T metido en un granero. Y hay que sacarlo al sol y limpiarle los por dentros y engrasarlos y lavarle el por fuera y encerarlo y pasearlo por los caminitos vecinales, despacito y tranquilo y muy paisajero y ver pasar los lamborghinis no con desprecio sino con lastimita, ay, pobrecitos, ojalá ya se les pasen la prisa y el dolor del buscar y lleguen a sus almohadones y sus chales y a su canción de amor y reposen la cabecita sobre una cesta de melocotones; maduros, que si no se les aplastan.

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